El pasado jueves (22 de agosto de 2016) alcancé la cifra de 600 días consecutivos meditando. Creo que es una buena excusa para compartir mi experiencia sobre cómo lo he logrado. Espero que te pueda ser útil para motivarte en introducirte en la práctica de mindfulness y, especialmente, en mantenerla a lo largo del tiempo. Convertir la meditación en una (sana) rutina, te ayudará a disfrutar de los numerosos beneficios de llevar una vida más consciente, coherente, eficiente y emocionalmente sana.
¿Te animas?

 

 

EL INICIO

Todo empezó al descubrir (ahora no recuerdo cómo) la web Expert in a year durante las navidades del 2017. El vídeo sobre el año practicando ‘ping pong’ captó mi atención y me dije: ¿y si lo intento durante un año con la práctica de mindfulness? Las personas que leáis esto y que practiquéis meditación, sabréis por experiencia propia que es la parte más complicada: mantener la práctica de forma regular por largos períodos de tiempo. Yo mismo he vivido esas situaciones antes de esta nueva etapa de mi vida, con períodos de intensa y regular práctica, con otros en los que no hacía una sola práctica durante varios días, incluso, varias semanas.

 

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Expert in a year – Table tennis

 

Aproveché que se acercaba el final de año, y lo tomé como único propósito para el 2018. Así empecé el 31 de diciembre de 2017. Hasta hoy.

 

 

 

¿Cómo lo he hecho?
La estrategia: Propósito, Plan y Trabajo

Una de las personas que más me inspira y de la que más aprendo en temas relacionados con mindfulness y salud emocional es Mario Alonso Puig.

 

Mario Alonso Puig

 

 

 Mario Alonso Puig en una conferencia presentando uno de sus libros (2016).

 

Os recomiendo ver algunos de sus vídeos. Y una de las recomendaciones que le he escuchado en varias ocasiones para alcanzar objetivos o incorporar cambios en nuestras vidas es una estrategia simple en tres pasos:

 

1. Propósito: tener un propósito inspirador, que sea fuente de motivación. El ‘porqué’.

 

2. Plan: definir un plan, un método, un camino que si lo sigues te lleve a conseguir tu propósito. El ‘cómo’.

 

3. Trabajo: a partir de ahí, toca pasar a la acción y aplicar disciplina para seguir el plan. El ‘qué’.

 

 

 

Mi propósito: una gestión emocional sana tiene impacto positivo en mi vida y en la de mi entorno familiar y social.

El primer paso era elegir un propósito adecuado. Hace ya un tiempo (unos 6-7
años), llegué a la conclusión que, desde mi punto de vista, la gestión
emocional es la principal habilidad que debería desarrollar. Es decir, no dar
prioridad al ‘qué’ vivo, sino al ‘cómo’ lo vivo. Para mí no era solo una
cuestión personal, sino que también tenía repercusión en mi entorno. Desde mi
perspectiva, tener una gestión emocional ‘sana’ no sólo mejora mi vida y me
acerca a la forma de vivir que he decidido, sino que considero que también
tiene un impacto positivo en mi entorno familiar y social. ¿Qué más puedo
pedir?

 

Así llegué a la conclusión de que si quería vivir coherentemente con mi forma de entender la vida y tener un impacto positivo en mi entorno, debía priorizar y entrenar mi gestión emocional. Ya tenía mi propósito, suficientemente motivador como para moverme a la acción.

 

 

 

El método: convertirme en un experto de mindfulness, entrenando cada día.

La mejor herramienta o habilidad que he encontrado para una gestión emocional sana es el desarrollo de la consciencia. Es decir, el ser capaz de ‘darme cuenta’ de lo que está ocurriendo en mi vida en el momento presente, no sólo a nivel externo, sino especialmente a nivel interno, de mis procesos mentales y corporales. Eso me permite no ser arrastrado por mis pensamientos y emociones, y me ayuda a evitar actuar de forma reactiva y condicionada según mis procesos mentales. Se trata de uno de los principales beneficios de la práctica de mindfulness.

 

Y para desarrollar la consciencia, el mejor método que he encontrado hasta el momento es el entrenamiento de la atención, es decir, la meditación.

 

El plan, inspirado en la página expertinayear.com, trataba básicamente en intentar entrenar mindfulness todos los días durante un año. Me marqué como prioridad la constancia, por lo que el compromiso no hacía referencia al tiempo destinado a la práctica. Decidí enfocarme sólo en hacerlo todos los días, aunque fuera sólo un minuto. La intención era convertir la práctica meditativa en una rutina diaria, sin importar el tiempo.

 

Para terminar de ajustar el método, utilicé un hecho que apareció por azar: durante las navidades, mi querido amigo David Victori me habló sobre la app Insight Timer. Es una app que, además de ofrecer distintos tipos de meditaciones guiadas, incluye un cronómetro (que se puede configurar y personalizar) que va registrando todas tus prácticas. La app proporciona datos sobre tiempo medio, prácticas por día, semana, meses, etc.
Nota mental: En otro post trataré el tema de las apps.

 

Insight-timer-mobile

 

 

Insight timer – App

Esto es algo que también recomiendo en mis formaciones: utilizar una acción (un registro en papel, un contacto con otra persona,…) que haga las veces de consciencia desde una perspectiva externa a la propia práctica. En este sentido, la app de Insight Timer era perfecta: concretaba y enfocaba mi objetivo en registrar una práctica cada uno de los 365 día del año 2018.

 

Mi plan ya tenía un método: registrar una práctica diaria en Insight Timer durante el 2018, sin importar el tiempo de dicha práctica.

 

 

 

El trabajo: constancia y disciplina.

Tenía un propósito, y un método. Sólo me quedaba llevarlo a la práctica. Para ello, la habilidad principal que tenía que desarrollar era la disciplina.

 

Para conseguirlo, decidí intentar, siempre que fuera posible, realizar la práctica de mindfulness por las mañanas, como primera actividad del día. La rutina que he adquirido (pues hasta el momento la sigo manteniendo) es despertarme (intentando haber dormido entre 6h30 y 7h), ir al lavabo, lavarme la cara, beber un vaso de agua (a veces con el zumo de medio limón), y aún con el pijama puesto, dedicar entre 30 y 45 minutos a la práctica. Si me baso en mi experiencia, tengo que decir que fue una gran decisión. Excepto en contadas ocasiones, la pauta general es que si realizo la meditación por la mañana, la media de la práctica es de unos 40 minutos (algunos días 20’, y otros 60’). Sin embargo, sin tener estadística exacta, mi sensación es que si no lo hago como primera acción del día, en el 80% de los casos, por decir algo, acabo haciendo entre 5 y 9 minutos de meditación justo antes de irme a dormir. El día pasa volando y es realmente difícil encajar una meditación de 20 minutos o más.

 

 

 

366 días consecutivos

El proyecto funcionó: conseguí registrar una meditación en la app durante cada uno de todos los 365 días de 2018 (más el 31 de diciembre de 2017, que fue cuando empecé). Hubo alguno que llegué por los pelos (algún día hice una meditación de 3 minutos empezando a las 23:55), pero ahí está registrada.

 

Lo bueno es que el hecho de dejar el registro me ayudaba a tener presente que ‘ese día todavía no había hecho la meditación’. Nadie me obligaba, así que pienso que sin la App, hubiera sido fácil haber fallado algún día. Pero el hecho de dejar un registro me reforzaba la intención de hacerlo cada día.

 

Y lo mejor de todo, es que a día de hoy todavía mantengo la práctica y el hábito. Se ha convertido en una rutina diaria.

 

 

 

CONCLUSIONES

Reto conseguido

Estoy contento con el proyecto por un doble motivo:

 

  • Motivo 1: conseguí entrenar la atención todos y cada uno de los 365 días del 2018. Es decir, la estrategia y el plan funcionaron.
  • Motivo 2: he hecho de la meditación una práctica rutinaria diaria, que mantengo has el día de hoy, y que espero seguir manteniendo durante… no lo sé. Enfocarme en el momento presente es lo que tiene: quizá mañana no lo haga, pero hoy, lo he hecho, y mi intención en este momento presente es continuar con ella. Si llego a los 700 días lo sabréis.

Tres tips para adquirir un hábito o aprendizaje.

Si te interesa integrar la práctica de mindfulness dentro de tus hábitos y disfrutar de sus beneficios, mi recomendación es seguir la propuesta de Mario Alonso Puig:

 

  • Paso 1: buscar un propósito. Una razón que te motive a practicar: ¿cómo mejoraría tu vida si pudieras vivirla de una forma más consciente, coherente, eficiente y emocionalmente sana?
  • Paso 2: definir un plan, un método que te permita integrar la meditación en tu día a día. Y si puede ser, añadir un elemento de ‘consciencia externa’, que te permita ver y hacer seguimiento de tus progresos
  • Paso 3: llevarlo a la práctica de forma consciente. En mi caso, como ya tenía cierta práctica y tenía bastante interiorizado el propósito, creo que me fue relativamente sencillo conseguirlo. Igualmente, aprovecho para comentar la importancia del ‘relato que nos hacemos’, y de la filosofía del momento presente. Si te marcas el objetivo de, por ejemplo, meditar 15 minutos 6 veces a la semana, y durante una semana no lo haces, nuestra mente tiene tendencia a contarnos un relato, tipo ‘ya lo he dejado’, ‘he roto mi propósito’, ‘no he cumplido el plan’, etc. Mensajes negativos, que te invitan a pensar que tirar la toalla es una opción, pues has fracasado. Yo te invito a no darle valor a esos pensamientos (sólo son eso, pensamientos), no darle credibilidad a ese relato. Aquí entra en juego la filosofía del momento presente que incluye el mindfulness: da igual si has fallado a tu plan un día, una semana o un mes, hoy puedes retomarlo. Sólo te falta querer.

¿Te animas?

 

Si el contenido te ha resultado interesante o piensas que puede ser inspirador para alguna persona que conoces, encantado de que lo puedas compartir.

 

Para cualquier duda, consulta o sugerencia, te recuerdo que puedes utilizar el correo o formulario de contacto.

 

 

 

Gracias por tu tiempo y por tu atención.

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